Dos misioneras de la congregación de la Asunción cuentan sus experiencias «entre la pobreza y las ganas de vivir» de un pueblo
Lorena PÉREZ
Cuando Pilar Sanchiz ve por televisión un cayuco acercándose a las costas canarias piensa en una de las características más importantes del pueblo africano: «La dignidad», y se entristece. Sanchiz lleva más de veinte años trabajando como misionera en distintos lugares del África occidental y sabe que la única solución a los problemas que se derivan de esta inmigración ilegal «es que los gobiernos les ayuden a quedarse en sus países y a trabajar allí. No vienen aquí para que les regalen nada porque tienen mucha dignidad, ellos vienen a trabajar para mandar dinero a sus familias, si lo pudieran ganar en sus países no tendrían que venir».
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