domingo, 10 de febrero de 2008

¿ APARTHEID EN LAVAPIES ? . EL OJO COJO


Apartheid en Lavapiés

Esta semana no han cesado las llamadas de vecinos comentándonos lo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos: La pequeña plaza del Barrio madrileño de Lavapiés repleta de policías a caballo y perros de ataque. El objetivo principal: detener a inmigrantes sin papeles.

Cierto es que Lavapiés es un barrio con alta concentración de inmigrantes, pero no el único, y el comportamiento policial en otros barrios no es el mismo. ¿Qué diferencia a este barrio? Las infraviviendas que existen en la zona permiten un mayor acceso al alquiler para personas que llegan a vivir al Centro de Madrid, favoreciendo una mixtura entre población "castiza"afincada desde hace años, artistas que viven en loft y acceden a los espacios culturales mas `prestigiosos de Madrid e inmigrantes que vienen a trabajar.
Difícil combinación cuando escasean herramientas para la convivencia. A esto se suma que año y medio atrás se realizaron reformas en la Plaza de Tirso de Molina (Cercana al barrio), lo que ocasionó el traslado de la población marginal y que dormía allí, hacia este barrio.Para colmo, como respuesta a la explosión de natalidad y la falta de servicios subsiguiente, se construyó en injertó en medio de la plaza un mini parque con un tobogán y un pato.
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La jornada habitual comenzó a transcurrir entre los que salían al barrio desde la boca del metro, los comerciantes, traficantes y ladrones que se reúnen en la casa de juegos frente a la plaza, trabajadores que llegaban de su trabajo y hacían sus compras en el supermercado, amas de casa que vendían alcohol en la plaza para aumentar sus ingresos, menores sin familia vendiendo drogas, alcohólicos y drogadictos durmiendo y teniendo sexo en pleno día, niños que se acercaban a los juegos y la policía que llegaba, incomodaba y se retiraba sin mayores acciones.

Desde hace mas o menos un año y respondiendo a las demandas de la organización Lavapiés no pasa, comenzó a aumentar la presencia policial, sin aumentar los recursos para servicios sociales. Muchos de los chicos jóvenes fueron internados con la orden de ser trasladados cada 2 meses, impidiendo cualquier proceso de inserción social. La policía comenzó a negarse sistemáticamente a identificarse, pidiendo documentos a hombres árabes y los municipales a detener a los coches conducidos por hombres de raza negra, ignorando expresamente las situaciones de violencia originadas por población nativa. Las detenciones comenzaron a ser cinematográficas, armas gatilladas entre la población civil, pequeños traficantes desnudados en plena calle para evitar su huida, frente a la presencia de niños. Los enamorados no podían discutir por la calle porque la policía se acercaba para ver si se trataba de violencia doméstica. Era común ya cruzar cada 3 metros con hombres de chaqueta, comiendo pipas y hablando en walkie talkie...
Tal vez los vecinos y organizaciones de la zona nos acostumbramos a tener esta vida tutelada. Tal vez esperando mejoras nos hemos quedado sin decir nada. Hace 3 días, cuando muchas de las organizaciones sociales de la zona participaban de un pleno monográfico sobre seguridad en el salón de la Junta Municipal del distrito Centro, la Plaza de Lavapiés se convirtió en el aparcadero para 7 coches de la policía nacional, mientras dos policías a caballo divisaban el paisaje desde la explanada del teatro, frente a la boca del metro.
Se trataba de un control, pero no era de venta del alcohol, o drogas. Contra una de las paredes se veían las siluetas masculinas de los mas diversas razas, menos la caucásica. Chinos, africanos, bangladíes, otavalos, ecuatorianos. Ninguna persona de cabello rubio, ninguna mujer. Los medios de comunicación no dijeron nada, tampoco aparecieron, ni siquiera los de inmigrantes.

Las situaciones son cada vez mas llamativas, si es que se las puede denominar así: perros acorralando contra la pared a hombres africanos, policía montada. Y los inmigrantes que llegan cansados, de su trabajo y caen como moscas en la miel, en manos de la policía. Porque están tan cansados que ni siquiera se les ocurre cambiar de metro o tomar otro camino para llegar a su casa. Muchos de los oficiales, tanto municipales como nacionales dicen estar descontentos, recuerdan que sus abuelos emigraron y reconocen que Lavapiés es un barrio de trabajadores pero que obedecen órdenes, que según ellos vienen de "los políticos". Entre tanto, los traficantes actúan a tres metros de la policía, frente a ella, los locales donde se trafica continúan abiertos. la inseguridad y la tensión crece en un barrio al que no llegan ya los turistas, un barrio de inmigrantes y españoles trabajadores.
En plena campaña electoral, unos culpan de esto al PP, otros a Zapatero. Los mediadores culturales dicen que desde el 11M existe en la policía una orden de detener por "fenotipos" y que esa orden nunca se ha levantado. De ser así, eso se llamaría racismo.
Lo cierto es que no es buena propaganda porque seguramente los inmigrantes con papeles, los que votan, tampoco se sientan muy bien por lo que viven sus paisanos. Sería bueno que los políticos explicaran por qué la policía se niega a identificarse en este barrio. ¿POr qué si un ciudadano pide la identificación, la policía pide documentos y amenaza con denunciar ante el juez? ¿Por qué el Comisario de Leganitos, conoce esta situación y permite que suceda constantemente, cuando se trata de hombres a sus órdenes?.Sería bueno que nos animáramos a ejercer derechos básicos de todo ser humano, empezando por la solidaridad.

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